Extracto : Crónicas Marcianas



There will come soft rains and the smell of the ground,
And swallows circling with their shimmering sound;

And frogs in the pools singing at night,
And wild plum trees in tremulous white;

Robins will wear their feathery fire,
Whistling their whims on a low fence-wire;

And not one will know of the war, not one
Will care at last when it is done.

Not one would mind, neither bird nor tree,
if mankind perished utterly;

And Spring herself, when she woke at dawn
Would scarcely know that we were gone!


Ray Bradbury,
Martian Chronicles

R. Ciencia Ficción : Guardianes Oníricos

Como águila acechando se mantenía quieto y vigilante. Desde allí arriba esperaba pacientemente a que la niebla se dispersara para poder analizar el estado en el que se encontraba el campo de durmientes.

Últimamente le habían llegado voces de alerta sobre las irregularidades de allá abajo; que los durmientes no estaban bien, que algo les estaba pasando y que muchos desaparecían… Hoy era uno de los destinados a vigilar, estudiar y analizar…

Bajar con niebla era peligroso… habían otras criaturas en las montañas, y algunas de ellas tenían suficiente hambre como para intentar alguna locura.

Se encontraba en el saliente montañoso de un pico próximo a “la Jaula”. Podía verla des de allí, era un buen lugar para controlar la zona. Bajo sus zarpas solo había un abismo rocoso, cortado en seco a pocos kilómetros por un mar de niebla. Al vacío de fría roca lo llamaban “la Garganta”. Los picos de las montañas parecían islotes a la deriva bajo un cielo anaranjado. Mientras, las dos lunas se mantenían como siempre opuestas en el cielo, siempre allí, siempre quietas y enigmáticamente desafiantes.

La Jaula era una construcción antigua, muy antigua y de aspecto ruinoso.
De lejos parecía el casco de un barco naufragado, o las costillas de alguna bestia gigantesca, ya descarnadas y grises por el tiempo, que salían desde las laderas de la cumbre montañosa y se resistían a desaparecer en las profundidades de la roca.

Formaban un semicírculo levantándose hacia el infinito para luego, nuevamente, clavarse en la fría piedra. La parte externa estaba recubierta de tierra, hierba y musgo (cuando no dormitaba bajo una capa de hielo o nieve).

Por el lado que daba al precipicio había una gran obertura en la pared de la que colgaban plantas y raíces. La pared parecía más bien haberse derruido con el paso del tiempo que no haber sido construida de ese modo.
Des de la pared misma del precipicio salían unas columnas de mármol azul, como viejas raíces, algunas ya rotas y desgastadas, que utilizaban como punto de apoyo antes de lanzarse planeando al fondo del abismo.

Por la parte que daba a la ladera, había una pequeña construcción conectada a la Jaula por un túnel, aun intacta, que utilizaban los alquimistas cuando hacían las visitas. Espejos, mesas de caoba, butacones aterciopelados, parecían resistirse al paso del tiempo y se mantenían intactos, capaces de explicar miles de vidas pasadas a quien supiera escuchar de forma correcta.

En este edificio les recibía un miembro de la comunidad y recogía sus peticiones. Las entregas se hacían directamente en la torre más alta del laboratorio (vulgarmente llamada halconero) mientras que, a cambio, recibían cuidados y ayuda.

El interior de la Jaula estaba lleno de niveles y pasadizos, pero el centro era un amplio hueco. Aprovechaban ese espacio vacío para sus relaciones cotidianas, des de festejos varios, entrenamiento de vuelo o simple guardería. Fuera lo que fuese antaño, ahora era un hogar, era su hogar y el de su pueblo.

Curiosamente se encontraba cerca del laboratorio de los alquimistas, con los que trabajaban recolectando durmientes. A diario estos venían con necesidad de durmientes para sus experimentos y ellos eran los únicos capaces de conseguirlos.

El frío de las alturas recubría sus escamas de escarcha. Su aliento formaba pequeñas nubecillas que morían al poco de escapar de él. Tenía las alas algo entumecidas, pero debía esperar pacientemente, sin movimientos bruscos, para no delatar su posición a posibles depredadores.

Poco a poco cayó la noche, mientras pequeños destellos aparecían intermitentemente al fondo, a lo lejos, allí en el campo de durmientes. Des de su posición parecían microscópicos puntos plateados, pero sabía que se trataban de ellos que volvían una vez mas. Siempre iban solos, raramente en parejas y nunca, jamás, en grupos. Desconocía que hacían o que querían, pero volvían sistemáticamente. Siempre los conocieron como los durmientes, ya que así los llamaban los alquimistas.

Cuando se despejó suficiente la niebla, se movió para entrar en calor y desentumecerse, y se lanzó al fondo de la Garganta, en dirección al campo de luces.
A medida que planeaba y se acercaba, podía ver como poco a poco se tejían en la oscuridad finísimos hilos plateados, cientos, miles de ellos, uno por cada durmiente. Des de su posición, parecía que estaba volando sobre un telar inmenso, infinito, de color plata sobre la nada. Era un momento mágico que jamás le había dejado de fascinar.

Finalmente llegó al campo y se posó entre ellos. Eran algo así como pequeñas formas que recordaban a los alquimistas, pero borrosos como manchas, como si se vieran reflejados sobre la superficie de un río revuelto. Emitían una luminosidad acorde a según creía él, su salud, género o poder.

Lo que si era cierto es que todos ellos tenían un hilo de plata que desaparecía en algún punto de la nada y que, por lo menos ellos, no sabían hacia donde iban ni para que servia. Tocar el hilo suponía un chisporroteo tenue y nada más, como si pasara la mano por una hoguera cualquiera de la Jaula.

Aparecían sin más y desaparecían del mismo modo. Por eso debían vigilar y capturar los mejores ejemplares para los alquimistas rápidamente.

Pero algo no iba bien, a lo lejos, entre algunos durmientes, uno de ellos estaba completamente quieto. Era ostentosamente más grande que los demás y tomaba unas tonalidades azul verdosas. Los durmientes cerca de él parecían desaparecer… y lo más sorprendente, ¡No tenía ningún hilo de plata!!!

Que era? Era un durmiente o era otra cosa? Algo le decía que tenía que ir a investigar y, tras un momento de duda, decidió ir a capturarlo.

Pero se detuvo cuando escuchó una voz cálidamente familiar detrás de él:
- “Alto! No vayas insensato!, no recuerdas lo que te enseñamos?”
- “ Ethel? hoy no te tocaba a ti la supervisión del campo. Estas aquí para recolectar? jajajaja”, rió Amael.
- “Déjate de bromas, estoy aquí por lo mismo que tú y suerte tienes de que haya llegado a tiempo. El hechicero tenía razón, las distorsiones que sufrimos en el campo de durmientes se deben al viejo.”, dijo Ethel algo tensa.
- “El … el viejo…? Te refieres a Tempus? Al viejo Tempus!? No es posible! Las leyendas cuentan que dejó de sufrir letargos… consiguió despertar … lo consiguió, no?”
- “Si, lo hizo y volvió a donde demonios perteneciera ese monstruo, pero acabamos de confirmar que ha vuelto. Gorg vuela urgentemente a la Jaula con las noticias”
- “Pero porqué? Él no debería estar aquí, él no pertenece a este mundo!”, dijo Amael notablemente angustiado.
- “No tengo las respuestas Amael…. Será mejor capturar los durmientes que podamos antes de que Tempus lo destruya todo. Vamos, no hay tiempo que perder!”

El telar empezó a apagarse. Los hilos se desvanecían uno a uno, gota a gota, al ritmo en que los durmientes desaparecían.
Pero un punto de luz se mantenía brillante en el campo...
Amenazadoramente brillante...
Mientras unas sombras volaban a marchas forzadas en busca de ayuda…




R. Ciencia Ficción : Moebius 779 (1 - Aterrizaje)

Ese despiadado sin invitación, una sombra oscura en el cerebro, persistía tenaz sumiéndolo en una borrasca de imágenes sin lógica ni sentido.

Desconocía que era exactamente, pero lo cierto era que lo mantenía totalmente bloqueado, sin movilidad alguna, tan solo permitiéndose observar el espectáculo.

Confuso y desorientado, tan solo le parecía que se dirigía hacia ninguna parte, totalmente a la deriva, esclavo de si mismo.

Desde que lo arrastró el portal, se vio lanzado a un mar negro moteado por millones de pequeñas luces que parpadeaban en todas direcciones.

Habían otras cosas ahí fuera: de formas y colores variopintos, unos eran increíblemente inmensos haciendo palidecer de vergüenza a su planeta natal, otros eran como extrañas criaturas que reptaban por la nada con aspecto amenazador.

Y aunque en más de una ocasión estuvo a punto de chocar con ellos, siempre acababa pasando de largo. Centurias o quizás milenios… tanto tiempo llevaba sin rumbo?

Tras lo que parecía media vida soñada, algo rompió el bloqueo que lo inmovilizaba. Una dura y violenta energía con sabor a cuchillas le atravesó de pies a cabeza. - " ¿!Pero qué!?"

Despertó sumido en pánico para verse dentro de una bola de fuego y arrastrado vertiginosamente por una fuerza descomunal; fuerza que le conducía peligrosamente a un abismo de pesadilla mientras su cuerpo se consumía a una velocidad de locura.

Parte de él ya era una estela de polvo carbonizado cuando algo se activó en su interior. Ese algo despertó con gusto de viejo y añejo instinto de supervivencia, pero tan eficaz y necesario como el gatear de un bebé.

Ese algo bloqueó su cuerpo al tiempo que le hacía cambiar de una fase a otra en el plano físico. Fue entonces cuando vio como el infierno en el que había despertado se alejaba, dejándolo a él como un casual espectador mientras poco a poco se desvanecía.

Estaba en lo que parecía un planeta, pero no era su hogar. Así pues, encontraría
aquí las respuestas? Estaría aquí la legendaria fuente de vida que necesitaban para poder vivir?

Se encontraba a kilómetros de la superficie, suspendido por encima de lo que parecían nubes mientras, confuso, intentaba reorganizar el caos en su mente.

Una sensación de desvanecimiento se apoderaba de él, mientras una fuerza desconocida luchaba nuevamente por alcanzarlo. Pero esta vez, algo dentro de él también luchaba por mantener las migajas de su ser unidas.

Kilómetros mas abajo, tierra y montañas de repente se desplomaron para tomar la forma de algo parecido a un rostro gigantesco. Fuertes vientos viajaban a toda velocidad entre rocas, grietas y cuevas creando algo parecido a una remota y desecha voz.

La especie de voz le llegó fuerte, como un grito atronador y amenazante, dura y vieja como la misma piedra, desde las entrañas del planeta, sin saber bien que decía.
Si realmente era una voz, sería tan vieja y primitiva como el planeta mismo.

Mientras, a millones de años luz, una débil señal llega a su destino…

Una forma encapuchada entra a toda prisa tropezando con todo lo que encuentra a su paso en el estudio del gran Phertuzan.
El estudio es una gran sala excavada en roca, oscura pero cálida, repleta de artilugios donde Phertuzan, maestre del nivel Alpha, experimenta para descubrir los secretos que sus antepasados intentaron destruir (y que consiguieron parcialmente).

- " Señor!! Señor!!!! por fin hemos recibido UNA SEÑAL!. Alguien ha llegado al otro lado del portal y sigue vivo...!!!! ", dijo la figura embriagada de emoción.
- " Alguien mas la ha visto?", responde una voz que proviene detrás de un pequeño sol en miniatura.
- " No señor, tan solo yo... debo avisar a los demás!!", afirma el joven Treszko con entusiasmo.
- " NO! de eso me encargaré yo.... olvida lo que has visto... y ahora puedes irte.", responde
Phertuzan claramente sorprendido, molesto y un tanto amenazador.
- " Pero señor! es de vital importancia que avisemos..."
- " No me has oído? Obedece o me veré obligado a devolverte a tu estado primitivo!!!!"
- " De acuerdo señor....", responde Treszko sorprendido ante la reacción de su maestro.

El joven
Treszko sale del estudio conmocionado. Phertuzan atacado por una debilidad aguda e imprevista, no puede evitar caer temblando al suelo mientras no deja de repetirse: -"Moebius... Moebius... como demonios lo conseguiste!?... COMO!?"

Shadows, 07-01-09