R. Terror : La Cena

Uf…? dónde estoy?
Que dolor de cabeza…

Con esfuerzo abro estos pesados párpados, en un doloroso intento de discernir mi paradero actual.

Ni el dolor de cabeza ni el malestar general me impiden obtener una imagen ligeramente nítida del oscuro lugar en que me encuentro, este oscuro y.... extraño lugar…

El mobiliario delata un dormitorio barroco:
Estoy envuelto por aterciopelados cojines, y nado en un mar de finas y sedosas sabanas color carmesí, cálidas y húmedas, revueltas entre si como un amasijo de espumosas y furiosas olas.

El mobiliario muestra señales del paso del tiempo, desvencijado y maltrecho ahora tan solo es una sombra de lo que antaño hubiera sido. Es como un viejo fantasma que se resiste a desaparecer convertido en el polvo como lo que le rodea.

Mi mente esta nublada y confusa como otras tantas veces... Adicto al ardiente licor jamás supe decir basta… y tampoco lo quise ya que es uno de los escasos vicios a los que gustosamente me abandono, placentero mareo mezcla de alegres vaivenes que me ofrecen una fresca y carismática libertad.

Cuando destilo el sabroso y complejo brebaje me aferro a las crines de su magia y cabalgo furiosamente sobre las contenciones de mi existencia, siendo capaz de rebasar los límites de mi personalidad que tantas veces me anulan.

Diversión, libertad absoluta, descontrol y seducción son armas infalibles para pasar, otra noche más, acompañado de alguna de esas bellas y terribles féminas a las que pueda dar caza. Y todo esto a cambio de una presente y remota pesadilla con sabor a cirrosis… quizás algún día cambie, quizás algún día lo deje…

A pesar de mi asiduidad y resistencia, me siento diferente, como ligeramente descompuesto, peculiarmente mal…

Un extraño rumor lejano me pone alerta…

Súbitamente y con un estruendo la puerta del dormitorio se abre de par en par. Una oscura figura con formas de mujer acarrea una molesta y mortecina luz amarillenta… quizás un candil o una de esas lamparillas que utilizan algún primitivo sistema de iluminación. Solo veo el suelo con forma de casillero de ajedrez (piezas negras y blancas), por lo que no puedo ver su cara.

Con un sigilo, más propio de un animal que de un ser humano, se aproxima al lugar en el que me encuentro. Al llegar, abandona la luz sobre la destartalada mesita de noche, cosa que me permite ver ese cristalino rostro…frío y desconocido rostro… ¿quién diablos eres?

Sus ojos son un par de negras perlas donde se refleja la mortecina luz, inexpresivos y vacíos, inhumanos… nunca había visto unos ojos como estos…

“Te esperaba para cenar... ¿No recuerdas nada?”, dice ella con voz susurrante.
“Que debería recordar?”, pregunto extrañado. “¿Donde estoy? ¿Quien eres tu?”.
“Eso no importa ahora, y tú lo sabes... Debemos cenar… Sin ti no hay cena… ¿no recuerdas?... cariño… te gustará...” Y con un apasionado beso sella mis dudas y temores.

Todo me da vueltas. Me siento desfallecer, como si fuera un hoja seca con el suelo por destino, con esa sensación de que, inevitablemente, debo caer de la copa del árbol, teniendo la vertiginosa altura por horizonte. Copas… malditas copas… siempre acaban buscándome problemas. No puedo aguantar más. Todo gira vertiginosamente a mi alrededor, demasiado rápido, no lo puedo soportar... la tensión en mi cabeza, la presión... el descontrol!!! Mi cabeza va a estallar!!!

Despierto mareado, con náuseas y extremadamente débil. Aposentado en una enorme butaca delante de mí una larga mesa se extiende hacía la negrura, escuetamente adornada y preparada para un banquete.
Una pareja de platos de porcelana gris con ribetes de rojo oscuro, esbeltas copas de vino, una gruesa vela negra encendida en medio de la mesa y un mantel de color púrpura…
Y por último, una cubertería de vieja plata.

En la otra punta de la mesa esta ella, inmutable, observándome con esos brillantes ojos… esos pozos negros que, esta vez, me miran muy seriamente. Por la comisura de sus labios se fugan unos hilos de vino, con destino a ninguna parte, mientras que en su mano reposa una copa, ahora ya vacía y tiznada de rojo, que hace la vez de cayado real de semejante reina.

Si… parece toda una reina… una perversa y oscura reina… o una depredadora... me tiembla el cuerpo…. Que débil me siento… que mal me siento…

Mi plato rebosa de una pasta con textura a carne, como la de los embutidos, acompañada de unos trozos semejantes a callos y bañadas en una rebosante salsa rojiza, todo ello envuelto por un aroma fuerte a guiso. Sin duda debe tener un gusto sabroso. Ella parece haber terminado el suyo y espera a que finalice el mío con mal disimulo.

“Que no vas a probar mi plato especial? ...Lo he preparado para ti, solo para ti… no me hagas ascos… come!” dice algo malhumorada.

Cada vez más débil, hago un esfuerzo por moverme y consigo coordinar brazo con tenedor.
Con un gesto casi infantil, consigo recoger algo de comida de mi plato. Temblando acerco la cena a mi boca, mientras por el camino la salsa va goteando, gota a gota.
Todo esfuerzo por satisfacer a su realeza. Todo es tan confuso… me siento como un títere…

El sabor es crudo, algo fuerte y nauseabundo. Sabe como a hierro colado con carne por guarnición… repulsivo para mi gusto. Hago un esfuerzo para no vomitar lo ingerido y dejo caer el tenedor, que tras una incomprensible eterna caída se estampa ruidosamente en el suelo.
Dios, en mi vida jamás probé un plato tan horrible…algo no va bien!!!

Horrorizado oigo como la duquesa del dolor lanza sus dagas:
“Qué ocurre? ¿No disfrutas de la cena? ¿Tan mal saben tus propias entrañas?... Si… estas comiéndote tus tripas… pronto serán tan solo una sopa… ”

El mundo se me cae encima, el dolor se apodera de todo mi cuerpo y siento el pánico galopar por mis venas. Como si un millón de agujas atravesaran mi piel, como el segundo antes de perder la cabeza ante el verdugo, veo como mi vientre esta abierto en canal, derramando mis entrañas y mi sangre por doquier. Todo queda tintado de rojo carmesí. Dolor, terror, horror, PÁNICO!!!

“ESTO NO PUEDE SER REAL, ESTO NO ES REAL” me grito una y otra vez.
Convulsionado, gritando, temblando, consigo levantar la cabeza para ver como todo lo que me envuelve ya no esta.

Mis últimos pensamientos tiemblan ante mi destino: la tenue oscuridad de un lugar parecido a una caverna, en medio de esta nada infernal, me muestra mi auténtica prisión, una prisión con forma de tela.
Encima creo ver el borroso cuerpo de una gigantesca y fantasmal araña, que afanosa y metódicamente succiona mi cuerpo inmovilizado, sin prisas pero sin pausa.

Mis músculos se desprenden de mis huesos, siento mi carne deshacerse dolorosamente en una sopa de tejidos, mientras esa cosa los succiona con fruición.
Sus ocho ojos parecen disfrutar de la cena, de su cena!!!

Todo oscurece...
Cuesta respirar...
El sueño llega....